Cuando Julieta Venegas lanzó el disco Sí (2003), se habló hasta el cansancio de su cambio de imagen y de actitud, así como del hecho de que sus canciones se habían vuelto más románticas, más alegres y, consecuentemente, más “poperas”.
A primera vista, Limón y sal, el sucesor, puede parecer una simple prolongación del anterior, ya que la artista mexicana ha trabajado nuevamente con el músico y productor argentino Coti Sorokin —a quien algunos acusaron incluso de ser responsable de ablandar la propuesta de la mexicana— y con el conocido “Cachorro” López.
“En realidad, la participación de Coti en este caso ha sido mucho menor, porque en Sí hizo conmigo la mitad de las canciones, mientras que acá sólo han sido tres”, es lo primero que dice la cantante, interrogada por La Vibra en las oficinas de una estación latina de televisión, ubicadas en pleno paseo de los Estudios Universal.
“Con ‘Cachorro’ sí trabajé todo el disco”, precisa. “Creo que he seguido desarrollando un concepto de canción, porque la principal diferencia que veo entre mis primeros trabajos y los dos últimos es que a partir del anterior empecé a hacer cosas para cantar, con canciones estructuradas que expresaran algo, pero que fueran sencillas”.
Esta tendencia hacia una estructura definida y poco compleja sería quizás lo que ha hecho que la mexicana se haya acercado tanto al pop, cuando anteriormente se la veía como una artista oscura y nada comercial.
“Puede ser, aunque creo que en Limón y sal lo pude desarrollar de otra manera, quizá incluso más personal”, señala. “En Sí encontré algo que me gustó y que no pude desarrollar del todo, porque ocurrió cuando estaba ya en medio del trabajo de producción, cuando no tenía demasiado tiempo ni dinero para hacer el disco”.
Además, la aparición de la palabra “limón” en el nombre del álbum encuentra sustento en el hecho de que, a diferencia de Sí —que era tremendamente optimista—, el presente trabajo contiene algunas composiciones con temáticas menos alegres, sin que ello le haya quitado a Julieta la búsqueda de una sensualidad que empezó a brotar en ella durante los últimos años, y que se prolonga en la portada misma del nuevo disco.
“Es que fui encontrando nuevas formas de expresar mi identidad femenina por el lado visual, y eso hizo que empezara a disfrutar de la coquetería, aunque insinuando más que enseñando, como un reflejo de lo que soy, porque tampoco es que me haya convertido en una persona completamente desinhibida”, precisa la cantante, una de los 10 artistas que participarán el sábado en el Reventón Súper Estrella, que se efectuará en el Coliseo de Los Ángeles.
Y es que Julieta no muestra demasiado, sino que se cubre en esta ocasión —en las fotos internas del disco— con un llamativo vestido de mexicanísima presencia.
“Me clavé mucho en la onda de ‘limón y sal’, en esto de los colores”, explica. “Para mí éste es un disco que expresa intensidad y que es muy latino en muchos sentidos; me fui a una tienda de ropa vintage y saqué lo que me parecía que representaba ese concepto. Hay gente en México que me ha dicho que es algo muy Frida Kahlo, pero en realidad fue bastante al azar, aunque tiene esa cosa de la alegría que se encuentra justamente en los diseños folklóricos”.
Las letras de ‘Limón y sal’
Por el lado de las letras, Limón y sal sigue hablando básicamente de relaciones de pareja, aunque contiene mucho más desamor que el anterior. El primer sencillo, Me voy, alude a una despedida, mientras que Canciones de amor, a pesar de su título, se refiere curiosamente al tedio que supuestamente provocan estas composiciones en Julieta, aunque el estilo musical del disco se oriente siempre hacia lo alegre.
“Creo que es un disco más reflexivo, porque tampoco es que esté lleno de desamor y de despecho, sino que analiza un poco todo lo que puede pasar en una relación, con sus cosas buenas y malas”, dice ella. “El punto de partida de Sí fue diferente, porque no se trataba sólo de que quería coquetear con la música, sino de que quería coquetear también con una persona de la que me estaba enamorando. Ahora veo el asunto con más distancia, aunque no se trate tampoco de que antes todo era maravilloso y ahora todo está jodido; es como la continuación del romance, meses o años después”.
La entrevistada reconoce que Bueninvento (2000) fue un disco completamente melancólico, ya que en el momento en el que lo compuso le costaba mucho decir lo que quería, por lo que “le daba muchas vueltas a las cosas”.
“Las canciones que eran de amor no parecían de amor, porque eran muy desencantadas”, recuerda. “Cuando hice Sí, quise romper completamente con el pasado; fue casi como un experimento creativo, de ver qué ocurría, aunque no tenía la conciencia de que Bueninvento había sido negativo y, por lo tanto, de que el siguiente disco tenía que ser positivo”.
Fuera de los matices que pueda tener su sensibilidad actual, es evidente que la tijuanuense se ha separado de una tendencia mostrada tanto en Bueninvento como en Aquí (1998), su primer disco, donde hacía muchas alusiones a un sentimiento de marginación y de aislamiento, como lo exhibía claramente el tema Sería feliz, que hablaba casi con desesperación sobre la falta de un espacio para poder expresarse.
“A partir de Sí me di cuenta de que quería ser más comunicativa”, asevera. “Cuando terminé Bueninvento me sentí muy desgastada en todos los sentidos, porque fue un disco que toqué mucho en vivo; y no sabía realmente en qué estaba metida en ese momento, porque las personas me decían que le encantaban las letras pero que no las entendían, lo que hacía que me sintiera más aislada”.
Al empezar a crear composiciones mucho más accesibles, Julieta se encontró con un público masivo que sí entendía el mensaje de sus canciones —y que estaba más que dispuesto a cantar los coros de sus nuevas creaciones al lado de ella.
“Eso es algo que a mí también me gusta”, confiesa; “me encanta cantar temas de José Alfredo Jiménez, y justo antes de hacer Sí me tocó participar en el homenaje [rockero] a Los Tigres del Norte, además de que en Bueninvento hice una canción de Juan Gabriel, que era mucho más directa que las mías [en el plano romántico]. Necesitaba ponerme un reto como compositora, porque no estaba dispuesta a seguir eternamente en lo mismo”.
La producción del CD
Aunque la colaboración con Sorokin ya no es tan intensa, Julieta reconoce el impulso creativo que el sudamericano le brindó a su “nueva” carrera.
“Coti y yo encontramos una química muy especial, un punto medio muy interesante, porque él venía de hacer canciones muy clásicas, en el rollo de los Beatles, y eso era lo que yo estaba buscando”, rememora. “En este disco escribí mucho más por mi cuenta, además de tener a muchos más invitados y colaboradores, como es el caso de Jorge Villamizar [de Bacilos, coautor de uno de los temas]”.
A pesar de su espíritu mexicano, Limón y sal fue grabado completamente en Buenos Aires con músicos argentinos.
“El disco Sí fue mucho más sencillo, porque se hizo entre la casa de Coti, con dos personas, y el estudio de ‘Cachorro’, sin invitados. Ahora”, celebra en el caso de Limón y sal, “sí hubo presupuesto para tener a muchos más músicos; partimos de una cosa muy sencilla, pero apoyados por más texturas y más instrumentación”.
Aunque nadie puede predecir lo que ocurrirá en el futuro, todo parece indicar que Julieta ha asumido una ruta que la alejará de esa suerte de melancolía eterna que llevaba a cuestas en el pasado.
“No lo sé, porque cada vez que me siento a escribir, me gusta contar algo distinto”, asegura. “Me tomo cierto tiempo entre mis etapas de mi composición, pero cuando empiezo, lo hago compulsivamente; no espero que me llegue la inspiración, sino que me concentro en escribir, porque creo mucho en la onda del oficio”.
Más allá de las alabanzas o críticas que Julieta ha recibido a lo largo de su carrera, la prensa anglosajona se mostró frecuentemente interesada en compararla con P.J. Harvey, lo que se vio de algún modo fomentado por la falta de referencias explícitamente folklóricas en su arte. Sin embargo, Limón y sal contiene ciertos elementos que remiten al tango y a la bossa nova, además de incluir un tema llamado Me voy, que lleva encima un innegable sabor ranchero, tanto en la vocalización como en la instrumentación.
“Me inspiré en el espíritu de la música tradicional mexicana y en la onda de la mujer fuerte, como lo que hacía Lucha Reyes”. explica. “Es algo en lo que yo también creo, para no salir de una relación como víctima; la canción, desde su título mismo, asume la posición de una mujer activa, que toma sus propias decisiones”.
Estas decisiones parecen incluir una apertura mayor hacia estilos que no figuraban inicialmente en su catálogo personal.
“Antes estaba demasiado metida en lo mío, pero ahora he asumido más mis influencias latinas, mi gusto por ponerme a cantar algo de Rocío Dúrcal después de hacer una de The Cure”, precisa. “No me molesta que me comparen con las demás, pero creo que cada una cuenta una historia muy diferente; y la que yo voy a contar, siendo una tipa de Tijuana que creció en Tijuana y que vive en el D.F., a la que le gusta la ranchera, la música electrónica y el rock, tiene que ser muy diferente a la que cuente una chava inglesa”.
La canción más curiosa y polémica del álbum es Primer día, hecha a dúo con el argentino Dante Spinetta (ex integrante de Illya Kuriaki and the Valderramas), cuyo ritmo será interpretado por muchos como un intento de Julieta por introducirse en el lucrativo mercado del reggaetón.
“Yo le aclaro a todo el mundo que lo que he hecho allí no es reggaetón, sino dancehall, aunque es cierto que son ritmos parecidos”, precisa la artista. “Nunca se me ocurrió que alguien fuera a pensar que me quería subir a algún coche de moda, porque esto es sólo parte de una experimentación mayor, ya que soy muy curiosa”.
Julieta Venegas es parte del elenco del Reventón Súper Estrella, que se efectuará el sábado a partir de la 1:00 p.m. en el Los Angeles Coliseum, 3939 S. Figueroa St., Los Angeles. Boletos de 25 a 150 dólares. (213) 748-6131.
Sergio Burstein / Especial para La Vibra