Julieta Venegas no es Julieta Venegas en Italia. Es ‘la chica del acordeón’. Me voy, su canción que comienza con los sonidos solitarios de su instrumento, se ubicó en los primeros lugares de preferencias de los radioescuchas italianos. Y como no, si a los azurras les encanta el acordeón para acompañar sus tarantellas.
Esos éxitos transoceánicos la emocionan a la cantautora tijuanense. Reconoce que el haberse hecho tan popular primero en España con sus anterior producción Si, le abrió el camino para conquistar más tierras europeas. Pero lo de Italia, “no se cómo pasó, pero es lindo, me encanta”, dice .
Le encanta y le emociona como las muchas nominaciones que tiene en los Grammy Latino —cuatro—, las seis que tuvo en los MTV Latin Music Awards y otros más en los recientes premios Oye!, de México. “Me sorprende la cantidad de nominaciones que me dieron. Me encanta sentirme parte de la música y ser reconocida por la gente que trabaja en la industria en la que yo me muevo. Es halagador estar en esas noches, con gente que admiro y me gusta. Después de todo se trata todo de música”.
Es una respuesta que hace tres o cuatro años no habría dado. Alguna vez dijo sobre las nominaciones que estaban bien, que era un arma más para mostrar a la compañía disquera de que a la gente le gustaba lo que ella cantaba y escribía. También era una manera de conservar su independencia para grabar sus propuestas, ganar credibilidad ante los empresarios de la música. “La verdad, no soy muy competitiva. Yo veo con quien estoy nominada y me digo: ‘Wow, se lo merecen ellos’, pero igual, se me hace lindo estar allí”, es como piensa ahora.
Si antes se sentía como pez fuera del agua en las fiestas de los premios o ceremonias elegantes que por sus nominaciones tiene que asistir, ahora le agradan. Hay cambios evidentes en Julieta Venegas. Ha crecido en ese sentido, sabe aceptar el mundo en el que se mueve, con todo lo que ello implica. Ya no es más la muchachita que sin ser tímida, prefería quedarse en su mundo, creando música y letras para sus producciones. Ha evolucionado más como persona, ve las cosas de diferente manera en el negocio de la música. Ya sabe que hay que viajar para promoción, para giras y cumplir con invitaciones. Hablar con la prensa y dar entrevistas casi todos los días.
Conversar con La Opinión — sentada sobre la cama de una suite de un hotel en West Hollywood por comodidad— se le hizo más íntimo, más relajado. Muy bien arreglado su cabello, con un maquillaje que acentúan sus grandes ojos negros y sus cejas muy pobladas, vistiendo con la informalidad de las cantantes de rock, pantalones y chamarra de mezclilla, un top de colores y su rápido hablar, casi precipitado, la autora de Andar conmigo cuenta de lo bien que se siente trabajando con Cachorro López y otra vez cantando lo que Coti Sorokin le escribió para Limón y sal.
Luego del éxito de Si, que trabajó con el productor argentino, e incluir composiciones de Coti Sorokin, otro argentino, triunfador en España —donde reside hace varios año—, volvió con ellos para su cuarto álbum. “No es una fórmula, porque yo no creo en las fórmulas en la música. Si hay gente con la que tienes afinidad y con quien las cosas fluyen, qué mejor si tienes la oportunidad de volver a repetir con esa gente. Pero no creo que uno tenga que trabajar con cierta gente para sonar de cierta manera. Pues inclusive, trabajar otra vez con Cachorro [López] y con Coti [Sorokin], no fue lo mismo, no hicimos lo mismo, ni trataba de repetir nada. Sí creo que se da una relación con la gente que trabajas y es lindo volver a repetir la experiencia y desarrollar más esa relación”.
Fue un disco que le tomó tiempo para escribirlo, en tanto que grabar el material en Buenos Aires le tomó dos meses. “Para mí es muy intenso meterme a los estudios con alguien por dos meses; no es algo que con cualquiera lo puedo hacer. Si hay alguien con quien lo hago y me siento a gusto, entonces lo repito”.
Si ha cambiado su forma de ver el business de la música, lo que sigue intacto es su talento, su quehacer como cantautora. Componer en México o durante las giras que va realizando es su razón de ser. En sus inicios, Tijuana fue su inspiración para las melodías y los tonos mientras que las letras son producto de la vida, de sus experiencias personales. El vivir en un lugar de frontera, dice, le da una visión especial de lo que se escucha allí. Un poco de Tigres del Norte, Pedro Infante, y por otro lado Police o Madness. “Una combinación bastante ecléctica, extraña, música que gente de mi generación de pronto no tenía el mismo acceso, porque en ese tiempo no era lo mismo. Ahora escuchar esa música es normal”.
No piensa en el crossover a pesar que habla y escribe en inglés perfectamente. “Creo en el público y en la manera de conectarme con él a través de lo que escribo. No es algo [el crossover] que me interesa ahora porque no soy de la idea de que ‘me quiero comer el mundo de un bocado’, para nada. Me gusta marcar mi propio camino, como me nazca hacerlo, como lo siento yo, tal vez no sea gigantesco, pero es como lo siento yo, es mi manera de vivirlo”.
Su primer álbum Aquí tuvo la colaboración de muchos de sus amigos: producido por Gustavo Santaolalla, grabado en Los Ángeles y editado en España, Estados Unidos y Latinoamérica, pero la verdad es que las letras, el acordeón y el estilo de cantar de Venegas, una voz tan natural y sin registros espectaculares, fueron los que determinaron que la tijuanense se diera a conocer desde ese momento y su nombre cruzara fronteras. Como le enseñó Santaolalla: “Si todo parte de una buena canción”, no se necesita tanta música detrás.
Con Julieta Venegas se puede hablar de todo. No es de las que dicen “de eso prefiero no hablar”. Tiene respuestas para todo. Hablando de sus composiciones, que hablan siempre de amor, de parejas, de sentimientos que vienen y se van, es fácil entrar al terreno personal, porque sus canciones dicen de los momentos y de los estados de ánimo en los que se encontró cada vez que tomaba lápiz y papel para volcar lo que llevaba adentro.
Venegas ha tenido varias parejas, luego de su divorcio de Alvaro Henriquez. Sus relaciones no han sido largas pero les ha cantado a cada uno de ellos o, por lo menos, ha contado lo que ha sentido con cada relación.
“Es que para componer me gusta la motivación de lo que yo siento, de decirle a alguien algo. Eso no significa que siempre tenga que estar con pareja para escribir, puede ser algo platónico, pero lo cierto es que tengo que pensar en alguien para poder escribir, porque lo que escribo nace de mí, en una soledad total. Me gusta sentarme a meditar las cosas, soy muy reflexiva y es entonces que vienen los recuerdos, las sensaciones y la emoción que es lo más importante”.
Sus relaciones se terminan, probablemente, por el trabajo, por los viajes o las distancias.
“Es cierto, tantos viajes hace una vida bastante irregular y para desarrollar una relación se necesita tiempo, pero eso se va dando y no se sabe cuándo va a suceder. Te digo, que el hecho de dedicarme a esto [a la música], me ha hecho creer en la magia de las cosas y nada se puede calcular ni cuándo te vas a enamorar, ni cuándo una relación funcione o cuándo vas a tener una familia”.
No descarta que ella misma pueda poner un alto en algún momento a tanto viaje. Necesita un poco de tranquilidad, regresar a estar con sus amigos, la familia.
Pero todo depende de la vida que uno elige y Venegas apostó por su música, es la vida que quiere llevar. No se imagina viviendo de otra manera y es feliz con ello.
Nelly Apaza Retamoso
nelly.apaza@laopinion.com
1 de noviembre de 2006